Mucha gente piensa que fe y ciencia no pueden convivir en la misma mente. Alister McGrath, teólogo y científico de Oxford, es prueba viva de que esa disyuntiva es falsa: pasó del banco de laboratorio a la cátedra de teología sin abandonar el rigor de ninguna de las dos.
Nacido el 23 de enero de 1953 en Belfast, Irlanda del Norte, McGrath creció en Downpatrick, hijo de un médico y una enfermera. Todavía adolescente, se hizo ateo y se acercó al marxismo, convencido de que la ciencia había vuelto innecesario a Dios.
A los 18 años, en su primer trimestre como estudiante de química en la Universidad de Oxford, se dio cuenta de que su rechazo a Dios se apoyaba en presupuestos que nunca había examinado a fondo. Al investigar la fe cristiana con el mismo rigor que aplicaba a la ciencia, se convirtió al cristianismo ya en 1971.
Concluyó su doctorado en biofísica molecular por Oxford en 1977, bajo la dirección del bioquímico George Radda, y al año siguiente también se graduó en teología con honores. Se ordenó sacerdote en la Iglesia Anglicana en 1981 y, a partir de 1983, pasó a enseñar doctrina cristiana y ética en Wycliffe Hall, Oxford, donde solo en 1999 recibiría la cátedra personal de teología histórica.
A lo largo de décadas, produjo decenas de libros que ponen la teología cristiana en diálogo directo con la ciencia, la filosofía y la cultura contemporánea, entre ellos la trilogía académica A Scientific Theology y el manual Christian Theology: An Introduction, adoptado en seminarios de todo el mundo.
Se convirtió en uno de los principales interlocutores del llamado nuevo ateísmo. En obras como Dawkins’ God y The Dawkins Delusion?, esta última escrita junto con la psicóloga Joanna Collicutt McGrath, su esposa, argumentó que las críticas de Richard Dawkins a la fe revelaban poca familiaridad con la teología que pretendían refutar.
Participó en debates públicos con Dawkins y otros críticos de la religión, pero también recibió críticas de lectores y reseñistas ateos, que lo acusan de simplificar o elegir los puntos más débiles de los argumentos que refuta, en vez de enfrentar los más sólidos. McGrath reconoce el riesgo y defiende que la apologética cristiana debe tomar en serio los mejores argumentos del interlocutor, no los más débiles.
Hoy profesor emérito en Oxford, después de ocupar hasta 2022 la cátedra de Ciencia y Religión, McGrath sigue escribiendo y enseñando. Su trayectoria muestra a los jóvenes cristianos que la búsqueda sincera de la verdad no exige elegir entre el telescopio y la Biblia.