Anne Hutchinson era madre de quince hijos y partera reconocida en la joven Colonia de Massachusetts, atendiendo a mujeres en el parto sin cobrar. Fue en esa vida doméstica, escuchando los sermones del predicador John Cotton, que comenzó a reunir a sus vecinas en casa para conversar sobre la fe, un hábito sencillo que la llevaría al centro de la primera gran crisis religiosa de la América colonial.
Nacida en Alford, Inglaterra, hija del clérigo Francis Marbury, recibió una educación poco común para una mujer de su época. Se casó con el comerciante William Hutchinson en 1612 y, siguiendo a Cotton, embarcó con su familia rumbo a Boston en 1634, a bordo del navío Griffin.
En Boston, las reuniones semanales de Anne crecieron más allá de lo previsto: decenas de mujeres y, después, también hombres, entre ellos el gobernador Henry Vane, comenzaron a frecuentar su sala para discutir los sermones y la doctrina de la gracia. Su defensa de que la salvación viene solo por gracia, sin depender de las obras, agradaba a muchos e inquietaba al clero establecido.
Anne fue más allá de la crítica puntual: afirmó públicamente que la mayoría de los ministros de la colonia predicaba un pacto de obras, no de gracia, y alegó haber recibido revelación directa del Espíritu. Esa afirmación, que contradecía la doctrina puritana de que la revelación había concluido en las Escrituras, dio a los magistrados el argumento que buscaban contra ella.
Juzgada en 1637 por difamar a los ministros, Anne enfrentó dos días de interrogatorio con soltura teológica, citando Proverbios y Tito en su defensa. En el fragor del interrogatorio, llegó a advertir al tribunal que un juicio divino caería sobre la colonia y su descendencia si la condenaban, una declaración que, a los ojos de sus propios contemporáneos, pesó contra ella tanto como la intransigencia de los magistrados. Su afirmación de revelación inmediata selló la condena: fue declarada mujer inadecuada para la sociedad de la colonia.
En 1638, un segundo juicio, ahora eclesiástico, terminó en excomunión. Desterrada, se mudó con su familia a Aquidneck y ayudó a fundar Portsmouth, en Rhode Island, colonia que se convertiría en símbolo pionero de libertad de conciencia en la América inglesa.
Viuda en 1642, buscó refugio aún más al sur, en la frontera de Nueva Holanda. En agosto de 1643, Anne, seis de sus hijos y otros habitantes de su casa fueron asesinados en un ataque durante la guerra de Kieft, entre colonos y el pueblo siwanoy; solo una hija, de nueve años, sobrevivió, llevada cautiva.
La historia de Anne Hutchinson sigue siendo un recordatorio de que leer y discutir las Escrituras nunca fue privilegio de pocos. Su insistencia en que los laicos, incluidas las mujeres, podían estudiar la Biblia y testificar la fe sigue resonando donde hoy las comunidades se reúnen, sin clero, para leer y aplicar la Palabra.