Suyash.dwivedi - Wikimedia, CC BY-SA 4.0, via Joshua Project
Pueblo no alcanzado Frontera
Los madari musulmanes son un pueblo de la India, de Pakistán y de Bangladesh, históricamente conocidos como encantadores de serpientes y entretenedores itinerantes que recorrían aldeas con serpientes, monos y osos amaestrados. Este oficio, transmitido de padres a hijos por generaciones, dio al grupo una identidad propia dentro del vasto paisaje de castas del sur de Asia. Hablan principalmente urdu, aunque algunas familias usan el bengalí o el panyabí occidental según la región donde viven.
Con el declive del trabajo con animales, buena parte de la comunidad se volvió trabajadora rural, jornalera o pequeña comerciante, dejando poco a poco los desplazamientos constantes de antes. Aun así, la memoria del oficio itinerante sigue viva en el modo en que el pueblo se reconoce entre sí, unido más por lazos de casta y de origen común que por un territorio fijo.
Los madari descienden de comunidades hindúes que se convirtieron al islam durante el período de los imperios mogoles en el subcontinente indio. La conversión trajo una nueva fe, pero no borró el lugar del grupo en la jerarquía social heredada del sistema de castas, en el cual permanecieron asociados a un oficio considerado humilde. A lo largo de los siglos, el dominio sobre serpientes y animales amaestrados se convirtió en su sello y su medio de sustento, esparciendo familias madari por aldeas y ciudades de la India, Pakistán y Bangladesh.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
India No alcanzado
|
52%
|
59.000 |
Pakistán No alcanzado
|
43,2%
|
49.000 |
Bangladés No alcanzado
|
4,8%
|
5.500 |
Tradicionalmente nómadas, los madari viajaban de aldea en aldea exhibiendo serpientes, monos y osos entrenados a cambio de comida o pequeñas sumas de dinero. Restricciones cada vez mayores a la captura y al uso de animales silvestres obligaron a muchas familias a abandonar ese oficio y buscar trabajo en la labranza o como jornaleros, un proceso todavía en curso y no siempre exitoso.
Los matrimonios son arreglados por las familias y ocurren dentro de la propia casta, aunque entre clanes diferentes, y la pareja suele vivir cerca de los padres del novio. Los consejos de casta siguen teniendo peso en la resolución de conflictos domésticos. En muchas familias, mujeres y niños complementan el ingreso pidiendo limosna en las calles, señal de la pobreza que todavía marca a buena parte del pueblo.
Los madari son musulmanes sunitas, y entre ellos es común la presencia del sufismo, la corriente mística del islam orientada a la búsqueda de proximidad espiritual con Dios a través de devoción intensa, cánticos y veneración a maestros espirituales. No es raro encontrar entre los madari a faquires, hombres que asumen voluntariamente una vida de pobreza y disciplina extrema como camino de santidad.
Esta mezcla de islam popular y misticismo da a la fe madari un carácter más experimental y comunitario que estrictamente doctrinal. La identidad religiosa está profundamente ligada a la identidad de casta, de modo que ser madari y ser musulmán prácticamente se confunden en la vida cotidiana de la comunidad.
El urdu, lengua más hablada entre los madari, ya cuenta con la Biblia completa y con la película Jesús disponibles desde hace décadas, y el bengalí y el panyabí occidental, hablados por parte del pueblo, también tienen Escrituras traducidas. El desafío no es la falta de traducción, sino el acceso: el alto índice de analfabetismo entre los madari hace que el texto escrito sea de poca utilidad, lo que convierte a las grabaciones de audio y a los recursos hablados en el camino más realista para que la Palabra alcance a estas familias.
Entre los madari, la fe islámica está entrelazada con la identidad de casta: abandonar el islam se ve como romper con la propia familia y comunidad, un riesgo social que pocos están dispuestos a correr. A esto se suma el analfabetismo generalizado, que limita el contacto con cualquier material escrito, y la condición de pobreza y marginación social, que mantiene al pueblo al margen tanto de la sociedad mayoritaria como de cualquier comunidad cristiana cercana capaz de establecer amistad y testimonio a lo largo del tiempo.
La transición de un oficio itinerante en declive hacia nuevas formas de sustento dejó a muchas familias madari sin tierra y sin ingreso estable, dependiendo de trabajo diario incierto o de la mendicidad de mujeres y niños. Existe una necesidad urgente de alternativas dignas de sustento y de acceso a la alfabetización, hoy el mayor obstáculo a la movilidad social del pueblo. En el ámbito espiritual, al pueblo madari le falta cualquier comunidad cristiana visible o cercana capaz de presentar el evangelio de forma comprensible y amiga, dentro de su propia lengua y cultura.
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