Gosén era una región fértil en el este del Delta del Nilo, en el antiguo Egipto, dada a la familia de Jacob durante años de hambre en Canaán.
Por invitación de José, entonces gobernador de Egipto, Jacob descendió con sus doce hijos, sus rebaños y todo lo que poseían, instalándose allí con autorización del faraón.
Por ser tierra de pastos, Gosén se ajustaba a los hábitos pastoriles de la familia de Jacob, un pueblo que los egipcios, agricultores del valle del Nilo, evitaban por considerar detestable a los pastores.
Allí los descendientes de Jacob vivieron por generaciones, adquirieron propiedades y se multiplicaron, hasta convertirse en un pueblo numeroso, lo que despertó el temor de los egipcios y llevó a la esclavitud de Israel.
Siglos después, cuando Dios envió plagas contra Egipto por medio de Moisés, Gosén fue librada de las moscas y del granizo, señal visible de que el Señor distinguía a su pueblo en medio del juicio sobre la nación.
Gosén recuerda que Dios prepara refugio para su pueblo incluso antes de que llegue la prueba, y que él distingue a los que son suyos aun en medio del juicio.
