Jezreel era una ciudad de la tribu de Isacar, edificada en una colina que domina el vasto y fértil valle del mismo nombre, entre el monte Gilboa y el monte Carmelo.
En el siglo 9 a. C., el rey Acab construyó allí un palacio de campo. Al lado de este quedaba la viña de Nabot, quien se negó a venderla por ser herencia de su familia.
La negativa de Nabot, el asesinato tramado por la reina Jezabel y la apropiación de la viña por parte de Acab convirtieron a Jezreel en el escenario de una de las injusticias más graves del Antiguo Testamento.
Años después, fue también en Jezreel donde se cumplió el juicio anunciado por Elías contra la casa de Acab. Jehú mató al rey Joram en el mismo campo de Nabot, y Jezabel murió allí, exactamente como el profeta había predicho.
El profeta Oseas usó más tarde el nombre Jezreel como símbolo del juicio de Dios sobre la sangre allí derramada, pero también como promesa de restauración futura para el pueblo.
