El monte Gilboa es una cadena montañosa en el norte de Israel, en la frontera oriental del valle de Jezrel, cerca de Bet Seán.
En la Biblia, este monte no se recuerda por conquistas, sino por una derrota. Allí terminó el reinado de Saúl, el primer rey de Israel.
Después de años persiguiendo a David y alejándose de Dios, Saúl enfrentó a los filisteos en una batalla decisiva en este monte. El ejército israelita fue derrotado, y Saúl vio a sus hijos, entre ellos Jonatán, morir ante él.
Herido por los arqueros y sin esperanza de escapar, Saúl se lanzó sobre su propia espada. Su reinado terminó como se había venido conduciendo desde hacía tiempo: sin consultar al Señor, sino a una adivina, en la víspera de la batalla.
Cuando la noticia llegó a David, él no celebró la caída de su perseguidor. Compuso un lamento y pidió que ni rocío ni lluvia cayeran sobre los montes de Gilboa, palabras que hasta hoy recuerdan el peso de un reinado que terminó lejos de la voluntad de Dios.
