Ramot de Galaad era una ciudad en la meseta de Galaad, al oriente del río Jordán, en el territorio heredado por la tribu de Gad. Moisés la separó como ciudad de refugio, lugar donde quien matara a alguien sin intención podía buscar protección hasta ser juzgado.
La ciudad estaba cerca de la frontera con el reino arameo de Damasco. Por eso se convirtió en motivo repetido de guerra entre Israel y los arameos a lo largo de generaciones.
Fue allí donde el rey Acab murió en batalla, a pesar de la advertencia del profeta Micaías de que la campaña terminaría en desastre. Años después, su hijo Joram también fue herido luchando por la misma ciudad.
Fue también en Ramot de Galaad donde un joven profeta enviado por Eliseo ungió a Jehú como rey de Israel, en medio del campamento militar. Ese acto profético dio inicio a la revolución que puso fin a la dinastía de Acab.
La historia de Ramot de Galaad muestra que Dios cumple sus palabras de juicio y de unción incluso en medio del caos de la guerra, usando un lugar de frontera para decidir el destino de reinos enteros.
