Efesios es una carta escrita por el apóstol Pablo mientras estaba preso, probablemente en Roma. Aun en medio de las cadenas, escribió uno de los textos más elevados de toda la Biblia sobre la iglesia.
Desde el comienzo, Pablo derrama un torrente de alabanza. Describe las bendiciones espirituales que Dios concedió a los creyentes en Cristo: elección, adopción, redención y el sello del Espíritu Santo.
La carta recuerda que todos estaban muertos en sus pecados. Pero Dios, rico en misericordia, los vivificó con Cristo por gracia, mediante la fe, y no por méritos propios.
Uno de los puntos culminantes de Efesios es la unidad entre judíos y gentiles. La cruz derribó el muro de separación y creó un solo pueblo nuevo, reconciliado con Dios y entre sí.
Pablo describe esa nueva comunidad con imágenes ricas: cuerpo de Cristo, templo santo, edificio levantado sobre los apóstoles y profetas. Ninguna de esas imágenes es individual, todas hablan de vida en conjunto.
Después de tres capítulos de doctrina, la carta cambia de tono. Pablo pasa a explicar cómo esa nueva identidad transforma el día a día: el carácter, las palabras, las relaciones.
Habla de esposos y esposas, padres e hijos, siervos y señores. Cada relación gana un nuevo sentido cuando se vive a la luz del amor de Cristo por la iglesia.
Al final, Pablo convoca a los lectores a revestirse de la armadura de Dios. La lucha cristiana no es contra personas, sino contra fuerzas espirituales que se oponen al propósito de Dios.
Leer Efesios es contemplar, en pocas páginas, la extensión de la gracia de Dios y el llamado a la unidad. Vale la pena recorrer cada capítulo con atención y adoración.