Génesis es el primer libro de la Biblia y el fundamento de toda la historia de la salvación. Su nombre significa origen o principio, y es exactamente eso lo que el libro narra: el inicio de todo.
Ya en las primeras páginas, Dios se revela como el Creador soberano. Él habla, y el universo existe. Él forma al ser humano a su propia imagen y lo coloca en un jardín perfecto.
Pero la armonía dura poco. El pecado entra por la desobediencia de Adán y Eva, y sus consecuencias alcanzan a toda la creación. Aun en el jardín, sin embargo, Dios promete un libertador que vencerá al mal.
Las páginas siguientes muestran a la humanidad multiplicándose y alejándose de Dios, hasta el juicio del diluvio. Noé y su familia atraviesan las aguas y reciben un nuevo comienzo, sellado por un pacto.
A partir del capítulo 12, el enfoque cambia. Dios llama a Abraham para dejar su tierra y promete hacer de él una gran nación, por medio de la cual todos los pueblos de la tierra serían bendecidos.
Esa promesa pasa a Isaac, luego a Jacob, a quien Dios cambia el nombre por Israel. El relato sigue a las familias de estos patriarcas, con sus debilidades humanas bien reales, y la fidelidad constante de Dios.
El libro termina con José, vendido como esclavo por sus propios hermanos, pero exaltado en Egipto por Dios para preservar la vida de su familia durante el hambre. Años después, él reconoce que Dios transformó el mal en bien para salvar muchas vidas.
Génesis muestra que Dios crea, gobierna la historia y cumple sus promesas, incluso cuando el hombre falla. Es el origen de todo lo que la Biblia revela después acerca de Dios y de nosotros.
Vale la pena leer Génesis despacio, capítulo a capítulo, para descubrir cómo comenzó la historia de la salvación.