Muchas personas ya han sentido que estaban en la vocación equivocada, incluso después de años de preparación. Juan Ecolampadio, erudito talentoso en las lenguas bíblicas, vivió esa búsqueda antes de convertirse en uno de los líderes de la Reforma protestante en Suiza.
Nacido en 1482 en la ciudad alemana de Weinsberg, hijo de un comerciante, estudió humanidades en Heidelberg y, más tarde, teología en Tubinga, donde tuvo contacto con el humanismo y se volvió hábil en griego, latín y hebreo. Aún joven, su apellido familiar, Hussgen, fue helenizado a Oecolampadius, que significa lámpara de la casa.
En 1515 se trasladó a Basilea, en Suiza, para ayudar al humanista Erasmo de Róterdam a preparar la primera edición impresa del Nuevo Testamento griego. El trabajo riguroso con el texto bíblico original marcaría toda su obra posterior como predicador.
Buscando una vida de mayor consagración e incómodo con las ideas de Lutero, ingresó en un monasterio en 1520, pero dejó el hábito cerca de dos años después, convencido de que aquel no era el camino cristiano ideal. Resumió la experiencia en una frase que se haría conocida: había perdido al monje y encontrado al cristiano.
De vuelta en Basilea en 1522, se convirtió en predicador y, en 1523, en lector de Sagrada Escritura en la universidad de la ciudad. Amigo cercano del reformador suizo Ulrico Zuinglio, se acercó a su lectura simbólica de la Cena del Señor, lo que lo puso en desacuerdo con Martín Lutero.
En febrero de 1529, una revuelta popular tomó las calles de Basilea, destruyó imágenes y altares en las iglesias y forzó la salida de los consejeros católicos, abriendo el camino para la Reforma en la ciudad. Ecolampadio se convirtió en el principal pastor de la nueva iglesia reformada, aunque el episodio de violencia contra el patrimonio religioso sigue siendo una página sombría de esa historia.
Como líder de la iglesia de Basilea, defendió que la excomunión y la disciplina eclesiástica fueran ejercidas por la propia iglesia, y no por el consejo de la ciudad. El consejo se negó a entregar todo ese poder, y Ecolampadio aceptó una solución intermedia, con paneles mixtos de consejeros y representantes de la congregación.
El mismo período vio al gobierno de Basilea perseguir a los anabautistas que rebautizaban a adultos: en 1530, uno de ellos fue decapitado por orden del consejo, y otro escapó de la misma sentencia gracias a un pedido de clemencia del propio Ecolampadio. Él discutió repetidas veces con el grupo sin lograr disuadirlos, reflejo de los límites de aquella búsqueda de unidad religiosa y de una mancha que la tradición reformada naciente carga hasta hoy.
Zuinglio murió en octubre de 1531, en la batalla de Kappel. Conmocionado por la pérdida del amigo, Ecolampadio falleció pocas semanas después, el 24 de noviembre, dejando un legado de erudición bíblica que aún inspira el estudio de las Escrituras en las lenguas originales.