El Asia del Nuevo Testamento no era el continente que hoy lleva ese nombre. Era una provincia del Imperio Romano, en la costa occidental de la región hoy llamada Asia Menor, correspondiente al oeste de la Turquía actual.
Su ciudad principal era Éfeso, pero la provincia reunía varias ciudades prósperas conectadas por caminos romanos y por el comercio marítimo, entre ellas Esmirna, Pérgamo, Sardis, Filadelfia y Laodicea.
El apóstol Pablo pasó dos años enseñando en Éfeso, y el libro de Hechos registra que, a partir de allí, todos los que vivían en la provincia oyeron la palabra del Señor.
Surgieron iglesias por toda la región. Décadas después, esas mismas comunidades recibieron las cartas del libro de Apocalipsis, dirigidas a las siete iglesias de la provincia.
La región también fue escenario de prueba para los cristianos. Pablo describe allí una aflicción tan grande que llegó a temer por su propia vida, y más tarde lamentó que todos los de la provincia lo habían abandonado.
El Asia bíblica muestra cómo el evangelio se extendió de una ciudad a toda una región, y cómo la fe allí fue puesta a prueba por el tiempo y por la presión.
