Cencrea era el puerto oriental de Corinto, frente al golfo Sarónico, en el mar Egeo. Se encontraba a pocos kilómetros de la ciudad y daba salida al comercio de Corinto con Asia Menor y el resto de Oriente.
Corinto tenía dos puertos. Uno miraba hacia el occidente, conectado con Italia. Cencrea miraba hacia el oriente, por donde pasaban barcos, comerciantes y viajeros de todo el imperio romano.
El lugar aparece dos veces en el Nuevo Testamento, siempre vinculado al apóstol Pablo. En Hechos 18:18, él embarca desde allí rumbo a Siria, al final del segundo viaje misionero, después de cortarse el cabello por causa de un voto que había hecho.
Años después, al escribir a los romanos, Pablo recomienda a Febe, llamada sierva de la iglesia en Cencrea. Había allí, por lo tanto, una comunidad cristiana ligada a ese pequeño puerto a la sombra de la gran Corinto.
Cencrea recuerda que el evangelio no avanzó solo por los grandes centros urbanos. También echó raíces discretas en ciudades portuarias, sostenidas por personas como Febe, que sirvió y viajó al servicio de la iglesia.
