Filadelfia fue una ciudad de la región de Lidia, en Asia Menor, fundada en el siglo II a. C. por Atalo II, rey de Pérgamo, quien le dio a la ciudad el mismo apodo que él había recibido por su lealtad a su hermano mayor y antecesor en el trono, Eumenes II: Philadelphos, amigo del hermano.
La ciudad se encontraba en una zona volcánica fértil, pero también sujeta a terremotos frecuentes y violentos, lo que mantenía a sus habitantes en constante inseguridad.
En la Biblia, Filadelfia es una de las siete iglesias de Asia a las que el apóstol Juan, exiliado en la isla de Patmos, fue enviado a escribir en el libro de Apocalipsis.
Junto con Esmirna, es la única iglesia que recibe de Jesús solo elogio, sin ninguna reprensión. Él reconoce que ella tiene poca fuerza, pero guardó su palabra y no negó su nombre.
Por eso, Filadelfia quedó marcada como símbolo de la iglesia fiel en medio de la debilidad. Lo que importa delante de Dios no es el tamaño ni el poder aparente de una iglesia, sino la fidelidad con que guarda la palabra de Cristo.
