Macedonia era una provincia romana en el sudeste de Europa, en la región que hoy corresponde al norte de Grecia. Sus principales ciudades bíblicas eran Filipos, Tesalónica y Berea, unidas por la Vía Egnacia, importante calzada romana que atravesaba la región.
Pablo estaba en Asia Menor cuando tuvo, de noche, una visión de un hombre de Macedonia que le suplicaba que fuera a ayudarlo. Él entendió el pedido como un llamado de Dios y cruzó el mar para predicar allí.
Así Macedonia se convirtió en la puerta de entrada del evangelio en Europa. Allí nacieron iglesias marcadas por la fe en medio de la persecución, como las de Filipos y Tesalónica. Pablo volvería a la región más de una vez, siempre fortaleciendo a los discípulos.
Años después, el apóstol recordó con gratitud la generosidad de esas iglesias. Aun viviendo en extrema pobreza, dieron más allá de lo que podían para socorrer a los cristianos pobres de Jerusalén. Macedonia muestra que el evangelio florece incluso en medio de la escasez y la tribulación.
