El valle de Beraca aparece en la Biblia en un único episodio, pero de gran impacto: el lugar donde el pueblo de Judá se detuvo para alabar a Dios después de una victoria imposible.
En el reinado de Josafat, un inmenso ejército de moabitas, amonitas y otros pueblos vecinos avanzó contra Judá. Sin fuerzas para reaccionar, el rey convocó ayuno y buscó a Dios en oración delante de todo el pueblo, en el templo de Jerusalén.
Dios respondió por medio del profeta Jahaziel: la batalla no era de Judá, sino del Señor. Bastaba confiar y salir al encuentro del enemigo cantando alabanzas.
Los ejércitos enemigos se volvieron unos contra otros y se destruyeron antes de que Judá necesitara luchar. Al llegar al campo de batalla, el pueblo pasó tres días recogiendo el botín.
Al cuarto día, todos se reunieron en un valle para bendecir al Señor por la victoria. Por causa de esa alabanza, el lugar recibió el nombre de valle de Beraca, que significa bendición.
El episodio es uno de los retratos más claros de la Biblia sobre el poder de la alabanza en medio del miedo y la guerra.
