Deuteronomio reúne los últimos discursos de Moisés a Israel, pronunciados en las llanuras de Moab, a orillas del río Jordán. El pueblo está a punto de entrar en la tierra que Dios prometió a los patriarcas.
El nombre del libro significa segunda ley, pero no se trata de una ley nueva. Moisés recuerda lo que Dios hizo en el desierto y renueva la alianza con la nueva generación de israelitas.
La generación que salió de Egipto ya había muerto a causa de la incredulidad en Cades Barnea. Sus hijos ahora escuchan, de primera mano, el llamado a confiar y obedecer.
En el centro del libro está el Shemá, la declaración: Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor (Deuteronomio 6:4). Amar a Dios de todo corazón es la respuesta esperada a la alianza.
Moisés detalla leyes para la vida en Canaán: adoración, justicia y cuidado de los pobres y los extranjeros. La obediencia no es una carga, sino fruto del amor y la gratitud.
El libro también presenta bendiciones para quien sigue al Señor y advertencias para quien se aparta de él. Dios deja claro que la elección entre la vida y la muerte está delante del pueblo.
Deuteronomio termina con la bendición de Moisés sobre las tribus y el relato de su muerte en el monte Nebo. Él ve la tierra prometida desde lejos, pero no llega a entrar en ella.
El libro promete además un profeta como Moisés, que el Señor levantaría en el futuro. El Nuevo Testamento señala que esa promesa se cumple en Jesucristo.
Leer Deuteronomio es escuchar la invitación a amar a Dios, guardar su palabra y confiar en él en cada nuevo territorio de la vida.