El desierto de Sinaí es la extensa región árida de la península de Sinaí donde los israelitas acamparon por casi un año, poco después de salir de Egipto y cruzar el mar Rojo.
Allí, frente a un monte que se levanta en ese desierto, el pueblo escuchó la voz de Dios, recibió los Diez Mandamientos y selló el pacto con el Señor por medio de Moisés.
En el mismo campamento los israelitas levantaron el tabernáculo, la tienda donde la gloria del Señor pasó a habitar en medio del pueblo.
Fue también en el desierto de Sinaí que Israel fue organizado como nación. Moisés censó a todos los hombres aptos para la guerra, tribu por tribu, por orden de Dios.
Allí el pueblo celebró la primera Pascua después de la salida de Egipto, y allí murieron dos hijos de Aarón por ofrecer fuego extraño delante del Señor.
Cuando la nube que indicaba la presencia de Dios se levantó sobre el tabernáculo, los israelitas partieron de ese desierto rumbo al desierto de Parán, camino a la tierra prometida.
El desierto de Sinaí marca, así, el paso de un pueblo de esclavos recién liberados a una nación organizada en torno a la Ley y a la presencia de Dios.
