El Edén fue el jardín que Dios plantó justo después de crear al ser humano, un lugar de abundancia, belleza y comunión perfecta entre el Creador y su criatura.
Allí Dios puso a Adán para cultivar y cuidar la tierra, y después formó a Eva para ser su compañera. La pareja vivía en plena armonía con Dios, el uno con el otro y con toda la creación.
En medio del jardín estaban el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios le dio al hombre una única prohibición: no comer del fruto de ese segundo árbol.
Fue también en el Edén donde la serpiente engañó a Eva, y el pecado entró en el mundo. Adán y Eva desobedecieron, y la comunión que disfrutaban con Dios se quebró.
Como consecuencia, el Señor expulsó a la pareja del jardín y puso querubines para guardar el camino hacia el árbol de la vida. Desde entonces, el Edén se convirtió en símbolo del paraíso perdido, imagen que la Biblia retoma hasta el final, en la promesa del árbol de la vida restaurado en Apocalipsis.
