Emaús fue el destino de dos discípulos de Jesús en la tarde del día de la resurrección. Tristes y confundidos por la muerte del Maestro, caminaban hacia allá cuando un desconocido se unió al camino.
Sin que los dos lo reconocieran, el mismo Jesús resucitado caminó a su lado. Comenzando por Moisés y los profetas, les explicó todo lo que las Escrituras decían acerca de Cristo.
Al llegar, los discípulos insistieron en que el visitante se quedara con ellos. Fue a la mesa, cuando Jesús partió el pan, que los ojos de ambos se abrieron y lo reconocieron, un instante antes de que él desapareciera.
Emaús no vuelve a aparecer en ningún otro relato bíblico. Aun así, se convirtió en uno de los lugares más recordados de la fe cristiana: el camino donde corazones desanimados volvieron a arder al escuchar las Escrituras y reconocer a Jesús vivo.
