Harán fue una antigua ciudad de la Alta Mesopotamia, situada a orillas del río Balih, en un cruce de rutas comerciales entre Babilonia y el Mediterráneo.
Fue allí donde Taré, padre de Abram, se estableció al dejar Ur de los caldeos, y allí murió.
De Harán, Abram partió a los setenta y cinco años, obedeciendo al llamado de Dios de dirigirse a la tierra que le sería mostrada.
Décadas después, el nieto de Abram, Jacob, huyó a Harán para escapar de la ira de su hermano Esaú, y allí encontró a Raquel junto a un pozo.
En la casa de su tío Labán, en Harán, Jacob trabajó veinte años, se casó con Lea y Raquel, y vio nacer a la mayoría de los hijos que darían origen a las doce tribus de Israel.
Harán aparece, así, como el lugar de dos grandes despedidas en la historia del pacto: la partida de Abram rumbo a la promesa, y el regreso de Jacob, ya con familia formada, a la tierra de sus padres.
Siglos más tarde, profetas como Isaías y Ezequiel todavía mencionaban a Harán como ciudad próspera y conocida, señal de su importancia duradera en el mundo antiguo.
