Hebrón se encuentra en las montañas de Judá, unos treinta kilómetros al sur de Jerusalén. Es una de las ciudades más antiguas continuamente habitadas de la tierra de la Biblia.
Fue allí donde Abraham plantó sus tiendas cerca de los robles de Mamré y construyó un altar al Señor. Allí también compró la cueva de Macpela para sepultar a su esposa Sara, la primera posesión de la tierra de la promesa.
En la misma cueva fueron sepultados, además de Sara, el propio Abraham, Isaac, Rebeca, Lea y Jacob. Hebrón guarda así la memoria de los patriarcas del pueblo de Dios.
Siglos después, los espías enviados por Moisés encontraron allí descendientes de gigantes. Josué conquistó la ciudad, y ella fue entregada a Caleb como recompensa por su fidelidad al Señor.
Hebrón tuvo además un papel central en la historia del reino: fue allí donde David fue ungido rey, primero sobre Judá y después sobre todo Israel. Años más tarde, fue también desde Hebrón que su hijo Absalón lanzó la rebelión contra él.
Pocos lugares atraviesan tantas eras de la Biblia como Hebrón, desde la promesa hecha a Abraham hasta el trono de David. Allí Dios mostró que cumple lo que promete, generación tras generación.
