Nazaret era una aldea pequeña y poco conocida en la baja Galilea, alejada de las principales rutas comerciales de la época. No aparece en el Antiguo Testamento ni en otros escritos judíos antiguos anteriores al siglo I.
Fue allí donde el ángel Gabriel se apareció a María y anunció que ella concebiría al Mesías por el poder del Espíritu Santo. Después de huir a Egipto por la persecución de Herodes, José y María volvieron y se establecieron nuevamente en Nazaret.
Allí Jesús pasó la mayor parte de su vida terrenal, aprendió el oficio de carpintero con José y crecía en sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres. El nombre de la ciudad quedó tan ligado a él que los evangelios lo llaman Jesús de Nazaret, o el Nazareno.
La pequeñez del lugar llamaba la atención: Natanael llegó a preguntar si podía salir algo bueno de Nazaret. Años después, cuando Jesús volvió predicando en la sinagoga local, los propios habitantes lo rechazaron e intentaron matarlo.
Nazaret muestra que Dios elige lugares humildes para realizar sus mayores propósitos. Allí, escondido de la atención del mundo, creció aquel que cambiaría la historia de la humanidad.
