Refidim fue una de las paradas de Israel en el desierto del Sinaí, en el camino entre Egipto y el monte Sinaí.
Allí el pueblo se quedó sin agua y se volvió contra Moisés, casi apedreándolo de desesperación. Dios ordenó que golpeara con la vara la roca en Horeb, y de ella salió agua para que todo el pueblo bebiera.
Moisés llamó a aquel lugar Masá y Meriba, palabras que significan prueba y contienda, porque allí Israel puso al Señor a prueba y contendió con él.
A continuación, Refidim fue escenario de la primera batalla de la nación recién liberada. Los amalecitas atacaron a Israel, y Josué dirigió a los hombres en el combate mientras Moisés levantaba las manos en lo alto de una colina.
Cuando Moisés se cansaba y bajaba los brazos, los amalecitas ganaban terreno. Aarón y Hur sostuvieron sus manos hasta la puesta del sol, y Josué derrotó al enemigo a espada.
Después de la victoria, Moisés construyó un altar y lo llamó “el Señor es mi bandera”, recuerdo de que la fuerza de Israel venía del Señor, no de su propia espada.
Refidim muestra a un pueblo que dudó de la provisión de Dios y, aun así, recibió agua de la roca y victoria en la guerra, puro don de la gracia divina.
