El río de Ahava fue el punto de encuentro de los judíos que regresaban del exilio babilónico bajo el liderazgo del sacerdote y escriba Esdras, alrededor del año 458 a. C.
Allí, a orillas de ese curso de agua en la región de la antigua Babilonia, el grupo acampó durante tres días antes de partir hacia Jerusalén.
Fue en ese campamento donde Esdras notó una falla grave: entre miles de exiliados, no había ningún levita entre ellos. Envió mensajeros a un líder llamado Iddo, en Casifia, pidiendo que trajeran hombres para ese servicio.
Antes de partir, Esdras proclamó un ayuno junto al río, buscando de Dios protección para el viaje. Él mismo registra que le dio vergüenza pedir al rey una escolta armada, prefiriendo confiar por completo en la mano de Dios.
El río de Ahava marca así el inicio de una jornada de fe: un pueblo que se prepara, se humilla delante de Dios y parte confiando solo en él para llegar con seguridad a la tierra prometida.
