El río Tigris nace en los montes Tauro, en lo que hoy es Turquía, y corre por unos 1.900 kilómetros hasta unirse al Éufrates en el sur de Irak. En la Biblia aparece por primera vez en Génesis 2, como uno de los cuatro ríos que salían del Edén.
Allí el texto lo llama Hidekel y dice que corría al oriente de Asiria, la gran potencia que más tarde dominaría buena parte del Oriente Medio. Desde el inicio de las Escrituras, el río marca la geografía real donde la humanidad vivió después del jardín.
Siglos más tarde, ya en el exilio, el profeta Daniel estaba de pie a la orilla de ese mismo río cuando recibió una de las visiones más impresionantes de todo el libro que lleva su nombre. Un ser celestial de apariencia gloriosa le reveló lo que aún habría de sucederle al pueblo de Dios.
El Tigris une así dos extremos de la narrativa bíblica: el principio del mundo en el Edén y las revelaciones proféticas dadas a Daniel, corriendo siempre por la misma tierra donde nacieron las grandes civilizaciones de Mesopotamia.
