Pocos predicadores sostuvieron, en el mismo púlpito, por más de cincuenta años, multitudes que llegaban a miles de personas. Daniel Rowland fue uno de esos casos excepcionales: un joven clérigo del interior galés que se convirtió en una de las voces centrales del avivamiento que cambió el rostro espiritual de Gales.
Nacido hacia 1711 en Pantybeudy, en la parroquia de Nantcwnlle, Cardiganshire, era hijo de un clérigo anglicano. Ordenado diácono en 1734 y presbítero en 1735, inició el ministerio sin gran convicción espiritual, más conocido por su vivacidad natural que por su celo pastoral.
Hacia 1735, al oír a Griffith Jones predicar en Llandewi Brefi, Rowland fue tomado por una profunda convicción de pecado. Su predicación ganó entonces una urgencia nueva, insistiendo tanto en la santidad y el juicio de Dios que un pastor vecino llegó a advertirle, diciendo que tronaba las maldiciones de la ley de un modo tan terrible que nadie soportaba estar delante de él. Solo con el tiempo Rowland maduró hacia un anuncio más equilibrado de la gracia en Cristo.
En 1737 conoció al evangelista laico Howell Harris, y ambos unieron fuerzas para impulsar el avivamiento metodista en Gales. Junto con el himnólogo William Williams, ayudaron a organizar sociedades locales y, en enero de 1743, una asociación de reuniones regulares, bajo la moderación de George Whitefield, embrión del metodismo calvinista galés.
La colaboración con Harris, sin embargo, no estuvo libre de tensiones: rivalidades personales y la relación de Harris con Sidney Griffith, una mujer casada a quien pasó a atribuir dones proféticos, llevaron a una ruptura entre 1750 y 1752, que dividió el movimiento por más de una década. Ambos se reconciliarían en 1762, con ocasión del nuevo avivamiento de Llangeitho, retomando la cooperación hasta la muerte de Harris, en 1773.
Como cura en Llangeitho durante casi toda su vida, Rowland vio a su iglesia atraer multitudes venidas de varias regiones del país los domingos de comunión. El avivamiento de 1762 trajo manifestaciones físicas tan intensas, los llamados “saltadores”, que críticos ingleses se burlaban de los galeses; Rowland replicó que, si los galeses eran “saltadores”, los ingleses eran “dormilones”. Aun así, se mostró más moderado ante los excesos del avivamiento que Harris o Whitefield.
En 1763, el obispo revocó su licencia parroquial, alegando irregularidades relacionadas con predicaciones fuera de los límites de la parroquia. Los fieles reaccionaron construyéndole una nueva capilla en Llangeitho, concluida en 1764, adonde la congregación se trasladó casi por completo, consolidando allí el centro del metodismo galés.
Rowland permaneció en el mismo lugar durante 55 años, formando a decenas de futuros pastores e influyendo en conversiones como la de Thomas Charles de Bala, semilla de lo que se convertiría en un impulso misionero y bíblico de alcance mundial. Murió en Llangeitho el 16 de octubre de 1790.