Cuando conoció a Adoniram Judson, Emily Chubbuck ya era una escritora de éxito, conocida del público estadounidense por el seudónimo Fanny Forester. Pocos imaginarían que aquella pluma alegre y talentosa un día se dedicaría a contar la historia de los pioneros de las misiones en Asia.
Nacida en 1817 en Eaton, en el estado de Nueva York, hija de padres pobres, Emily trabajó de niña en una fábrica textil y estudió en los meses en que la escuela funcionaba. Se convirtió en maestra a los quince años y, con talento y disciplina, alcanzó fama literaria escribiendo libros infantiles y crónicas de costumbres.
En diciembre de 1845 conoció a Adoniram Judson, veterano misionero en Birmania y ya viudo por segunda vez, quien le pidió que escribiera la biografía de su fallecida esposa, Sarah Boardman Judson. La invitación cambió el rumbo de su vida: se casaron en junio de 1846 y, un mes después, embarcaron juntos hacia Asia.
La unión causó asombro en círculos bautistas y literarios: parecía extraño que el respetado misionero desposara a una autora asociada a bosquejos considerados frívolos, y que ella cambiara una carrera prometedora por una tierra distante. Muchos lectores lamentaron públicamente que “Fanny Forester” hubiera, en sus palabras, errado de vocación.
En Maulmain, Emily enfrentó el peso real de la vida misionera. En diciembre de 1847 nació Emily Frances, la única hija del matrimonio que sobreviviría a la infancia. En cartas privadas, la madre llegó a desahogarse sobre el cansancio de cuidar bebés pequeños en medio de las tareas domésticas, un lado poco glamuroso del llamado que los relatos públicos rara vez mostraban.
Aun así, se dedicó a documentar lo que vivió. Publicó en 1848 el Memoir of Sarah B. Judson, preservando la memoria de la misionera que la había precedido, y después reunió cartas y registros que sustentarían la biografía de Adoniram Judson escrita por Francis Wayland.
La muerte de Adoniram en el mar, en 1850, dejó a Emily viuda y enferma; semanas después, murió también Charles, el hijo recién nacido del matrimonio. Regresó a los Estados Unidos en febrero de 1851, junto a su hija Emily Frances y sus hijastros Henry y Edward, ya con la salud afectada por la tuberculosis.
En sus últimos años, escribió aún The Kathayan Slave y otros textos sobre la vida misionera, insistiendo en mostrar al público estadounidense el costo y el valor de aquel trabajo en Asia. Murió en 1854, a los 36 años, dejando un legado que preservó, para siempre, la memoria de los primeros misioneros bautistas en Birmania.