Pueblo no alcanzado Frontera
Los zhmaryani son un grupo tribal pastún establecido principalmente en Pakistán, con presencia en las provincias de Khyber Pakhtunkhwa, Baluchistán y Punjab. El nombre remite a la palabra pastún zmarai, león, un apodo de valentía atribuido al grupo en las montañas Sulaimán, cerca de Musakhail, y llevado como marca de identidad hasta hoy.
Como parte de la gran familia pastún, los zhmaryani comparten la lengua, las costumbres y el código de honor que atraviesan las fronteras tribales de la región, pero mantienen un sentido propio de pertenencia al clan, expresado en la genealogía, en los lazos de parentesco y en la lealtad que une a sus miembros dondequiera que estén.
Hablantes del pastún central, viven codo a codo con muchos otros pueblos del mosaico paquistaní, sin dejar de lado lo que los distingue: un nombre ligado a la valentía y una pertenencia tribal que atraviesa generaciones, incluso entre familias que hoy viven lejos de las montañas donde comenzó la historia del grupo.
El origen de los zhmaryani está ligado a la cadena montañosa de Sulaimán, en el sur del actual Pakistán, donde la tradición oral sitúa el surgimiento del nombre del grupo como reconocimiento de valentía en conflictos antiguos entre clanes pastunes. A partir de ahí, familias se dispersaron hacia los valles y llanuras vecinas.
Con el tiempo, ramas del grupo se establecieron también en Nowshera, al norte, y en zonas de Punjab, siguiendo el movimiento migratorio que llevó a tantos clanes pastunes a dejar las montañas en busca de tierra y trabajo, sin abandonar del todo los lazos con la tierra de origen.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
Pakistán No alcanzado
|
100%
|
117.000 |
La vida de la mayoría de los zhmaryani gira en torno a la agricultura y el trabajo de la tierra, en comunidades organizadas por clan y linaje. Las decisiones importantes, desde disputas de tierras hasta cuestiones de matrimonio, suelen pasar por la asamblea de ancianos, y la palabra dada tiene peso de ley entre los parientes.
Como en otros grupos pastunes, la hospitalidad hacia el visitante y la defensa del honor de la familia guían el día a día. Recibir bien a quien llega a la puerta, cuidar de los mayores y responder a la ofensa con firmeza son comportamientos aprendidos desde pequeños y exigidos por toda la comunidad, dentro y fuera de casa.
Los zhmaryani son musulmanes, y la fe islámica está de tal forma entrelazada con la identidad tribal que ser pastún y ser musulmán prácticamente se confunden en la vida cotidiana. La oración, el ayuno y las demás prácticas del islam marcan el calendario de la comunidad y se viven como parte inseparable de pertenecer al grupo y a la familia.
Junto a la religión formal, el código de conducta tribal, que rige el honor, la hospitalidad y la venganza, funciona casi como una segunda ley, tan respetada como los preceptos religiosos, y ambas se refuerzan mutuamente en la formación del carácter de cada miembro de la comunidad desde la infancia hasta la vida adulta.
La lengua del grupo, el pastún central, ya cuenta con el Nuevo Testamento y con fragmentos del Antiguo Testamento traducidos, además de grabaciones en audio de partes de las Escrituras disponibles para quien prefiere escuchar en vez de leer. Aun así, la Biblia completa no existe en ese dialecto, y la tradición oral sigue siendo el camino más realista para que la Palabra llegue a las familias zhmaryani, generación tras generación.
Entre los zhmaryani, abandonar el islam se ve como traicionar no solo la fe, sino al propio clan, lo que expone a quien se convierte a la presión de la familia y al riesgo de ruptura social total. A esto se suma el aislamiento de las zonas tribales donde viven, la ausencia casi total de iglesias en la región y la falta de cualquier testimonio cristiano en pastún que venga desde dentro del propio pueblo.
En las regiones tribales donde viven los zhmaryani, faltan con frecuencia escuelas, atención de salud y oportunidades de trabajo fuera de la agricultura de subsistencia, lo que mantiene a familias enteras vulnerables a malas cosechas, enfermedades y a la inestabilidad de la región a lo largo del año.
En el plano espiritual, la necesidad es aún mayor: prácticamente no hay creyentes conocidos entre ellos, y quien llegara a seguir a Jesús no encontraría hoy una comunidad de fe pastún con quien caminar ni Escrituras completas disponibles en su propia lengua.
Entre los pastunes en general, grupo del cual los zhmaryani forman parte, informes indican un número pequeño pero creciente de creyentes dispersos que decidieron seguir a Jesús en las últimas décadas, incluso ante la presión social. Es una señal discreta, pero real, de que el mensaje del evangelio sigue tocando corazones también en esta familia de pueblos.
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