Tróade era el nombre dado a la región en el extremo noroeste de Asia Menor, cerca de la antigua Troya, y también a la ciudad portuaria de Alejandría de Tróade, construida por los sucesores de Alejandro Magno y luego elevada a colonia romana.
Situada en la costa del mar Egeo, la ciudad funcionaba como punto de paso entre Asia y Europa. Fue allí donde Pablo, en el segundo viaje misionero, tuvo de noche la visión de un macedonio que le pedía ayuda, y decidió embarcar rumbo a Macedonia.
Ese embarque marcó la primera vez que el evangelio atravesó hacia el continente europeo. Pablo volvió a Tróade más de una vez: predicó allí, reunió a la iglesia para partir el pan una noche en que un joven fue resucitado, y después dejó allí pertenencias personales en un viaje posterior.
Tróade recuerda que Dios abre puertas inesperadas y cambia el rumbo de quien le sirve, incluso cuando eso significa atravesar un mar hacia lo desconocido.
