Pocas historias de conversión son tan públicas como la de un hombre conocido, en su época, por la lealtad agresiva con que defendía a su jefe. Charles Colson llegó a la cima de la política estadounidense y, en la caída, encontró algo que ningún cargo le había dado: un nuevo comienzo.
Nacido en Boston en 1931, se graduó en historia en Brown University, sirvió como capitán del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos entre 1953 y 1955 y se graduó en derecho en George Washington University. En 1969 se convirtió en asesor especial del presidente Richard Nixon.
Colson estuvo entre los nombres centrales del escándalo Watergate. En 1974 se declaró culpable de obstrucción a la justicia, por un plan para difamar al analista Daniel Ellsberg, y cumplió siete meses en la prisión federal de Maxwell, en Alabama, el primer miembro de la administración Nixon encarcelado por el caso.
Meses antes de entregarse a la justicia, en agosto de 1973, visitó al empresario Tom Phillips, quien le leyó un pasaje de Mero cristianismo, de C. S. Lewis, sobre el orgullo. Colson lloró tanto en el auto que no logró salir del garaje: allí entregó su vida a Cristo.
En la prisión, vio de cerca el abandono de los presos y sus familias y decidió dedicarse a ellos. En 1976 publicó el best seller Born Again y fundó Prison Fellowship; en 1979 creó Prison Fellowship International, hoy presente en decenas de países.
En las décadas siguientes escribió varios libros, entre ellos Loving God y How Now Shall We Live?, y creó el comentario diario BreakPoint, llevando una cosmovisión cristiana a oyentes fuera de los muros de la prisión. En 1993 recibió el Premio Templeton, cuyo importe donó al ministerio.
No todo en su trabajo posterior estuvo libre de controversia. En 2006, un tribunal federal consideró inconstitucional el convenio entre el estado de Iowa y el programa InnerChange Freedom Initiative, vinculado a Prison Fellowship, por una indebida mezcla entre iglesia y estado con uso de dinero público; la decisión se mantuvo en apelación y el ministerio tuvo que devolver los fondos recibidos del estado.
Murió en 2012, en Falls Church, Virginia, tras complicaciones de una cirugía cerebral. Su vida quedó marcada por una dualidad que él mismo reconocía: el hombre ligado a las prácticas oscuras de Watergate se convirtió en defensor constante de los más olvidados por el sistema de justicia.
La Prison Fellowship que fundó sigue entre los mayores movimientos de asistencia a presos del mundo, uniendo evangelismo, consejería y defensa de reformas en la justicia penal, un legado nacido de una caída pública transformada en servicio.