La canción Amazing Grace se canta en casi todas las lenguas del mundo, símbolo de un nuevo comienzo y del perdón. Pocos saben que su autor fue comandante de barcos negreros antes de convertirse en clérigo. La vida de John Newton une, en una misma persona, la brutalidad del tráfico humano y la experiencia de la gracia que él describió.
Hijo de un capitán mercante, Newton perdió a su madre a los seis años y creció sin una instrucción religiosa firme. Siendo aún joven, fue reclutado a la fuerza por la Marina Real británica, intentó desertar y fue azotado públicamente como castigo. Poco después, pasó a trabajar en barcos negreros y llegó a ser maltratado como esclavo por una comerciante en Sierra Leona.
El 10 de marzo de 1748, en medio de una tormenta que casi hunde el barco Greyhound, Newton oró pidiendo misericordia mientras luchaba por mantener la embarcación a flote. La tormenta pasó, y él atribuyó su supervivencia a la gracia de Dios, inicio lento de su conversión.
La fe naciente no lo apartó de inmediato del tráfico de esclavos. Casado con Mary Catlett en 1750, Newton volvió al mar y comandó barcos negreros por algunos años más, entre ellos el Duke of Argyle y el African. Solo un mal súbito, en 1754, puso fin a su carrera marítima. Aun así, siguió por algún tiempo invirtiendo financieramente en los viajes negreros del comerciante Joseph Manesty, su antiguo empleador, un detalle que la memoria popular del himno suele dejar de lado.
Establecido como inspector de aduanas en Liverpool, se dedicó al estudio autodidacta de teología, griego y hebreo. Buscó la ordenación en la Iglesia Anglicana durante años, rechazado por varios obispos, hasta ser ordenado en 1764 y asumir la humilde parroquia de Olney.
En Olney, entabló amistad con el poeta William Cowper. Juntos publicaron, en 1779, el himnario Olney Hymns, con textos escritos para los cultos de la parroquia. Entre ellos estaba Amazing Grace, escrito para un sermón de Año Nuevo en 1773, hoy uno de los himnos más conocidos del mundo.
Ya como rector de la iglesia de St Mary Woolnoth, en Londres, Newton se convirtió en mentor espiritual del joven parlamentario William Wilberforce en 1785, aconsejándole permanecer en la política. En 1788, publicó Thoughts Upon the African Slave Trade, confesión pública de su participación en el tráfico, y testificó ante el Consejo Privado británico sobre los horrores que había presenciado. En la propia obra, reconoció que la confesión llegaba demasiado tarde, escribiendo que siempre sería motivo de humillación haber actuado activamente en un comercio que ahora hacía estremecer su corazón.
Newton murió en diciembre de 1807, meses después de que el Parlamento británico aprobara la ley que abolió el tráfico de esclavos en el imperio. Su trayectoria, desde la cabina de un barco negrero hasta el púlpito, sigue siendo testimonio de que ninguna historia está demasiado lejos de la gracia que él describió en su himno más famoso, aunque su propia demora en romper con el tráfico y en hablar públicamente contra él siga siendo parte inseparable de esa historia.