Millones de personas alrededor del mundo se han levantado de una silla, en un parque o en un estadio repleto, para responder a la invitación directa de Luis Palau: aceptar a Jesucristo. Pocos evangelistas del siglo XX predicaron personalmente a tantas personas, en tantos países, como este argentino radicado en Portland, Oregón.
Nacido el 27 de noviembre de 1934, en Ingeniero Maschwitz, cerca de Buenos Aires, Palau era el mayor de siete hermanos, con cinco hermanas y un hermano. La muerte de su padre, cuando tenía 10 años, dejó a la familia en dificultades económicas y lo obligó a dejar el internado donde estudiaba para sostener el hogar, trabajando en un banco en Córdoba.
A los 12 años, en un campamento de verano, entregó su vida a Cristo. Todavía adolescente, escuchó por radio una predicación de Billy Graham; la experiencia marcó el rumbo que tomaría como evangelista. Comenzó a predicar en las esquinas y tuvo un programa de radio cristiano a los 19 años.
En 1960 se mudó a Estados Unidos por invitación del pastor Ray Stedman y estudió en Multnomah School of the Bible, en Portland. Allí conoció a Patricia Scofield, con quien se casó en 1961. Después de años como intérprete de Billy Graham y misionero en América Latina, recibió de Graham el apoyo inicial para comenzar su propio ministerio, en 1970.
En 1978 fundó la asociación evangelística que llevaría su nombre. A lo largo de décadas, condujo más de 500 campañas en más de 80 países, entre ellas una de las primeras predicaciones públicas en estadios de la Unión Soviética recién abierta, en 1991. Con sus hijos, transformó las antiguas cruzadas en festivales urbanos, uniendo música, acción social y predicación.
No todo en su trayectoria estuvo exento de errores de apreciación. Durante el centenario evangélico de Guatemala, en 1982, Palau estuvo junto al general Efraín Ríos Montt en un gran culto público, y en 1983 llegó a elogiarlo públicamente como modelo de presidente cristiano. Años después, la Justicia de Guatemala condenaría a Ríos Montt por genocidio contra la población indígena maya, cometido durante su gobierno. El episodio es recordado como un punto de discernimiento político que le faltó al evangelista.
El propio Palau reconoció, más tarde, el precio del camino: en 57 años de matrimonio, sumó cerca de 15 años de viajes lejos de Patricia y de sus cuatro hijos. Aun enfrentando ya un cáncer de pulmón en etapa avanzada, mantuvo hasta los últimos meses el mismo entusiasmo de siempre por el evangelio.
Murió el 11 de marzo de 2021, en Portland, a los 86 años, con su familia a su lado. Sus hijos dieron continuidad al ministerio, y el modelo de festival evangelístico que ayudó a crear sigue inspirando a predicadores a llevar el evangelio a las plazas de las ciudades.