<p>Toda persona que ha perdido a alguien querido sabe que el dolor tiene una forma de reescribir la propia historia. Noemí vivió esto de un modo extremo: perdió a su esposo y a sus dos hijos lejos de casa, y regresó a la ciudad donde nació sintiendo que Dios se había vuelto contra ella.</p>
<p>Su historia comienza con una huida. Una hambruna severa en Belén de Judá llevó a Noemí, a su esposo Elimélec y a sus hijos Majlón y Quelión hacia los campos de Moab, tierra vecina y extranjera (Rut 1:1-2).</p>
<p>En Moab, los hijos se casaron con moabitas, Rut y Orfa. Pero en pocos años Elimélec murió y después sus dos hijos también murieron, dejando a Noemí sola con sus dos nueras, sin esposo, sin hijos y sin nietos (Rut 1:3-5).</p>
<p>Al saber que el Señor había dado alimento a su pueblo, Noemí decidió regresar a Belén. En el camino, insistió en que sus nueras se quedaran en Moab, con sus propias familias. Orfa aceptó, pero Rut se negó a partir: “Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios” (Rut 1:16).</p>
<p>Cuando llegó a Belén, Noemí pidió que la llamaran Mara, amarga, porque el Todopoderoso había hecho amarga su vida (Rut 1:20). Pero fue allí, en la ciudad que la vio partir vacía, donde ella orientó a Rut a acercarse a Booz, pariente de Elimélec, en busca del derecho de redención.</p>
<p>Booz se casó con Rut, y el hijo de la pareja, Obed, fue puesto en brazos de Noemí por las mujeres de la ciudad (Rut 4:16). La misma mujer que se llamaba amarga se convirtió en abuela del abuelo del rey David.</p>
<p>Noemí muestra que la fe no exige esconder el dolor de Dios: puede decirse en nombre propio, como amargura. Y muestra también que el final de la historia de alguien, incluso después de años de pérdida, aún puede estar en las manos de Dios.</p>