Todos hemos oído alguna vez una historia demasiado buena para ser verdad y hemos sentido ganas de comprobarla con nuestros propios ojos. Eso fue lo que llevó a una reina extranjera a atravesar el desierto hasta Jerusalén: no quiso conformarse con los rumores sobre la sabiduría de un rey.
Ella gobernaba Sabá, un reino próspero situado tradicionalmente en el sur de Arabia, en la región del actual Yemen. Cuando oyó hablar de la fama de Salomón, ligada al propio nombre del Señor, decidió ir personalmente a ponerlo a prueba con preguntas difíciles (1 Reyes 10:1).
Llegó a Jerusalén con una caravana imponente: camellos cargados de especias, gran cantidad de oro y piedras preciosas. Llevó todo lo que tenía en mente y expuso a Salomón sus preguntas más complicadas (1 Reyes 10:2).
Salomón respondió a cada una de ellas; nada era demasiado difícil de explicar para él (1 Reyes 10:3). Pero lo que más la impresionó no fueron solo las respuestas, sino ver de cerca el palacio, la mesa del rey, sus oficiales y los holocaustos ofrecidos en el templo del Señor (1 Reyes 10:4-5).
Ella confesó lo evidente: había oído hablar de él, pero no lo había creído hasta verlo con sus propios ojos. La realidad superaba el relato, dijo ella, no le habían contado ni la mitad (1 Reyes 10:6-7). Y entonces hizo algo notable para una extranjera: bendijo al Dios de Israel por haberlo puesto en el trono para ejercer la justicia (1 Reyes 10:9).
Intercambiaron regalos: ella dio oro y especias como nunca se había visto antes, él le dio todo lo que ella deseó (1 Reyes 10:10,13). Después ella regresó a su tierra, pero su historia no terminó ahí.
Siglos después, Jesús la citó como ejemplo: ella viajó desde los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y algo mayor que Salomón estaba allí, delante de una generación que no se movió ni un palmo para reconocerlo (Mateo 12:42).
¿Cuántas veces hemos oído hablar de la grandeza de Dios y nos hemos conformado con solo oír hablar de ella? La reina de Sabá nos recuerda que buscar a Dios de cerca, con preguntas honestas y disposición para el viaje, suele revelar que nunca nos habían contado ni la mitad.