Belén está en la región montañosa de Judá, unos diez kilómetros al sur de Jerusalén. Pequeña y sin gran importancia política, su nombre aparece en episodios decisivos de la historia bíblica.
Fue allí donde Rut, la moabita, se estableció con su suegra Noemí y se casó con Booz, convirtiéndose en bisabuela del rey David. Fue también en Belén donde el joven pastor David, hijo de Jesé, fue ungido rey por Samuel, elegido por Dios mientras los hombres todavía miraban las apariencias.
Siglos después, el profeta Miqueas anunció que de allí saldría el gobernante eterno de Israel, cuyos orígenes se remontaban a tiempos antiguos. La profecía se cumplió cuando José y María, obligados por un censo romano, viajaron a Belén, y allí nació Jesús, envuelto en pañales y acostado en un pesebre por falta de lugar en el mesón.
Pastores en los campos alrededor fueron los primeros en escuchar el anuncio de los ángeles, y magos venidos de oriente atravesaron una larga distancia para adorar al niño como rey. Belén muestra que Dios suele elegir lugares pequeños y olvidados para realizar sus mayores propósitos.
