Éfeso era una próspera ciudad portuaria en la costa oeste del Asia Menor, famosa en todo el imperio romano por el templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Cruce de rutas comerciales y religiosas, la ciudad recibía multitudes de peregrinos, comerciantes y curiosos.
Fue allí donde el apóstol Pablo pasó cerca de tres años enseñando, el período más largo que dedicó a una sola ciudad en sus viajes. El libro de Hechos registra a discípulos que solo conocían el bautismo de Juan siendo instruidos en la fe, sanidades extraordinarias y una quema pública de libros de magia.
La predicación del evangelio sacudió el comercio ligado al templo de Artemisa, provocando un tumulto encabezado por el platero Demetrio. La escena muestra cómo el evangelio, cuando es recibido de corazón, transforma ciudades enteras, incluida su economía y sus costumbres.
Éfeso dejó marcas duraderas en las Escrituras: recibió la carta a los Efesios, es destinataria de una de las siete cartas del Apocalipsis, y tradiciones antiguas asocian la ciudad con los últimos años del apóstol Juan.
La carta de Cristo a la iglesia de Éfeso en Apocalipsis es una advertencia solemne: una iglesia doctrinalmente firme, pero que había abandonado su primer amor. Éfeso recuerda que la ortodoxia sin amor no basta, y que Dios observa el corazón detrás de la actividad religiosa.
